


Por qué el café recalentado puede afectar al estómago, según la ciencia



El consumo de café recalentado o quemado se ha convertido en una costumbre habitual para quienes intentan aprovechar cada taza a lo largo del día. Sin embargo, especialistas en salud advierten sobre los efectos negativos que puede tener esta práctica tanto en el sabor como en el estómago y la salud digestiva. Este proceso, en especial cuando se realiza varias veces o a temperaturas muy altas, altera la composición química original del café y reduce significativamente sus beneficios.
Cuando el café se expone al exceso de calor, una parte importante de sus compuestos naturales, especialmente los antioxidantes y los ácidos clorogénicos, se destruye. Estos componentes son responsables de muchas de las propiedades saludables atribuidas al café fresco, como la protección celular y la reducción del riesgo de enfermedades crónicas.
Al recalentarlo, el café se transforma en una bebida más ácida, con un sabor más rancio y amargo, perdiendo su perfil aromático y su potencial antioxidante. Además, la oxidación que ocurre al dejar el café preparado expuesto al aire acelera este proceso de degradación, deteriorando aún más su calidad y potenciando los efectos irritantes sobre el aparato digestivo.
Los riesgos del café recalentado no se limitan a la pérdida de sabor o aroma. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Foods, titulado “Physiochemical Characteristics of Hot and Cold Brew Coffee Chemistry”, la exposición prolongada al calor y las variaciones extremas de temperatura alteran de forma drástica la acidez total.
Esta alteración química eleva la acidez libre de la bebida, lo que, según especialistas de la Clínica Cleveland, estimula una mayor producción de ácido gástrico. Esto termina provocando molestias como ardor estomacal, reflujo gastroesofágico e irritación, especialmente en personas con mayor sensibilidad gástrica.
Café recalentado: cambios químicos y efectos digestivos
Recalentar una taza no es solo “volver a calentar agua con café”: el proceso modifica el perfil de compuestos que aporta aroma y sabor, y puede volver más agresiva la bebida para personas sensibles, y favorece la aparición de notas más amargas y un aumento de la percepción de acidez.
En términos digestivos, esto importa porque el café —incluso recién hecho— ya puede ser un disparador de molestias en ciertos perfiles, sobre todo si se consume en ayunas o en grandes cantidades. Cuando se recalienta repetidamente, el resultado suele ser un líquido con más probabilidad de generar ardor, reflujo o sensación de irritación gástrica, no tanto por “toxicidad” inmediata, sino por el cambio en la composición y por el aumento relativo de compuestos que el organismo puede percibir como irritantes.
En ese punto, la advertencia más práctica no es demonizar el café recalentado, sino identificar el umbral individual: si la misma cantidad de café recalentado cae peor que el café recién preparado, el problema suele estar en la combinación de oxidación, temperatura y sensibilidad personal.
Al respecto, una revisión científica exhaustiva publicada en la revista internacional Beverages, bajo el título “The Impact of Brewing Methods on the Quality of a Cup of Coffee”, confirma que someter al café a un calor continuo o recalentamiento desestabiliza los compuestos volátiles del aroma y acelera la oxidación del líquido.
Riesgos adicionales: almacenamiento, temperatura y compuestos potencialmente nocivos
Además de lo expuesto, las condiciones de almacenamiento también tienen un efecto determinante, ya que mantener café líquido durante muchas horas a temperatura ambiente, o en recipientes poco higiénicos, puede favorecer la aparición de moho, lo que representa un riesgo real para la salud. En ambientes húmedos, tanto el café molido como los granos pueden contaminarse y resultar inseguros para el consumo.
Además, los recalentados frecuentes pueden incrementar la formación de compuestos químicos como la acrilamida, una sustancia calificada como probable carcinógeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Este compuesto se produce en procesos de tostado y recalentado excesivo debido a la degradación térmica adicional por sobrecalentamiento doméstico, aunque las cantidades suelen mantenerse en rangos bajos en las preparaciones cotidianas.
Otro aspecto a considerar es la temperatura de consumo. Beber café por encima de los 65°C eleva el riesgo de lesiones térmicas en el esófago y, a largo plazo, según los criterios de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS, puede aumentar la probabilidad de desarrollar inflamación crónica en los tejidos esofágicos. En otras palabras, no solo importa si el café fue recalentado, sino cuán caliente llega a la boca y cuánto tiempo se mantiene esa exposición.
INFOBAE








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