


Perros y gatos más felices: ideas prácticas para diseñar espacios pensando en ellos



Diseñar una casa para perros y gatos cambia la forma en que se usa el espacio: cuando incorporo sus necesidades desde el inicio, el resultado no es solo más ordenado, también reduce ansiedad, destrozos y ladridos, una lógica que la American Society of Interior Designers incluyó en 2026 entre las tendencias residenciales destacadas del año.
Más de dos tercios de los hogares de Estados Unidos tienen al menos un animal y en Argentina, esa proporción supera el 80% de los hogares urbanos, según datos del sector veterinario.
Los perros y gatos no ven la casa como la vemos nosotros, los humanos. La olfatean, la pisan y la recorren, y esa diferencia entre la percepción humana y la animal define cada decisión de diseño.
Sus espacios no son un agregado: la cama, su plato de comida o las zonas de juego deben integrarse al resto del hogar con los mismos materiales, la misma lógica y el mismo criterio estético que tomamos para cualquier otro elemento de la casa.
Un animal con áreas definidas se comporta mejor dentro de la casa
Lo primero que explico a mis clientes es que su perro o su gato no interpreta un plano. Se orienta por texturas, olores y rutinas, y cuando no encuentra zonas definidas para comer, descansar o jugar, percibe el entorno como un espacio caótico.
Ese desorden tiene efectos concretos: ansiedad, conductas destructivas, ladridos excesivos y arañazos en muebles o paredes. Una investigación publicada en Frontiers in Veterinary Science, con datos de más de 3.000 tutores de animales, vinculó la constancia en las rutinas y la existencia de espacios definidos con una menor incidencia de problemas de comportamiento en perros y gatos.
El mismo estudio encontró que los perros que viven en entornos urbanos presentan niveles de estrés y ansiedad más altos que los gatos. Por eso, en muchos casos, son los que más se benefician de una casa bien planificada.
La respuesta de diseño a ese problema es la zonificación. Dividir el espacio doméstico en áreas claras para alimentación, descanso y juego no exige una gran reforma: muchas veces alcanza con reorganizar muebles, sumar alfombras con una función precisa o reservar un rincón silencioso, lejos del paso de personas, para que el animal pueda retirarse.
Antes de reformar, siempre pido un tiempo de observación. Necesito saber dónde duerme, qué recorrido hace entre la entrada y el patio, en qué punto se rasca y dónde se refugia cuando hay visitas o ruidos fuertes.
Ese registro revela necesidades reales. Un perro que se rasca siempre en el mismo rincón puede estar marcando un territorio con una función específica; un gato que se sube a la heladera suele estar buscando altura porque no tiene otro punto elevado disponible.
La planta del espacio también importa para los animales. Los perros prefieren circuitos que no terminen en rincones ciegos, mientras que los gatos valoran puntos altos y refugios donde puedan observar sin ser vistos.
El piso define su seguridad y confort en la circulación diaria
En cualquier proyecto con animales, lo primero que miro es el suelo. Los animales pasan toda su vida en contacto con esa superficie, y los pisos lisos como la madera pulida, la cerámica de alto brillo o los porcelanatos sin textura pueden transformarse en un problema para su salud articular.
Los pisos vinílicos son hoy mi primera recomendación. Son impermeables, resisten arañazos, se limpian con facilidad y, cuando tienen textura, ofrecen una tracción adecuada para las patas.
La clínica Canine Arthritis Management sostuvo que cubrir pisos de madera o cerámica con alfombras o superficies antideslizantes es “la primera y quizás más importante recomendación” para hogares con perros con problemas articulares. Cuando no hay posibilidad de cambiar el piso, recurro a alfombras con base de goma ubicadas en los recorridos habituales: desde la cama hasta la puerta, en la zona de comida o al pie de la escalera.
En tapizados, elijo telas de alto rendimiento que soporten manchas, pelo y garras. En caso de tener materiales delicados, hoy en día existen cabertores súper estéticos que alargan la vida útil de cualquier sillón. Y no olvidar los bordes redondeados en muebles: reducen tanto el riesgo de lesiones como el daño por arañazos.
Rampas, nichos y estaciones de comida integran el diseño sin invadirlo
El cambio más importante que propongo es conceptual. El espacio del animal no debe notarse como una intervención separada: puede integrarse a una biblioteca, a una isla de cocina o al hueco bajo una escalera con los mismos acabados que el resto de la carpintería.
Aplico esa lógica en nichos para descanso, cajones deslizantes para ocultar bowls y estaciones de alimentación empotradas a nivel del zócalo o de una repisa baja. Según New Home Source, el reporte de tendencias 2026 detectó un aumento de pedidos para incorporar estas soluciones desde la etapa de planificación y llamó a ese fenómeno “Barkitecture Boom”.
Los nichos bajo escalera son una de mis soluciones favoritas. Con ventilación, luz LED cálida y revestimientos iguales a los del resto del mobiliario, ofrecen al animal una sensación de resguardo que especialistas en comportamiento asocian con una reducción del estrés, sobre todo en perros con tendencia a la ansiedad.
En los usuarios más creativos con animales entran en juego propuestas lúdicas que transforman el subir y bajar en una experiencia. En estas casas, la circulación deja de ser neutra y se convierte en protagonista, la rampa como recorrido narrativo más amigable con con animales reemplaza la escalera tradicional.
Aunque también hay opciones que traen este concepto en pequeñas dosis. Incorporo pequeñas rampas cuando el perro sube y baja del sofá, de la cama o del auto, idea para animales chicos, mayores o con problemas articulares, ya que el impacto repetido de esos saltos puede derivar en lesiones ortopédicas.
Una caída desde el sofá puede terminar en una lesión, por eso, cuando especifico una rampa, no la trato como un accesorio decorativo, sino como una medida preventiva.
Para los gatos, la pared es una extensión natural del territorio
Con los gatos, el problema cambia de eje. Ellos no necesitan tanto perímetro horizontal como altura, puntos de observación y recorridos alejados del tránsito humano.
Cuando un gato se instala sobre una biblioteca o sube a la heladera, no está actuando por capricho. Está respondiendo a una necesidad que el espacio todavía no resolvió.
El cat highway es mi respuesta más eficaz para eso. Se trata de un sistema de repisas escalonadas montadas en la pared, con plataformas de descanso y pasos que permiten recorrer una habitación completa sin tocar el piso.
En mis proyectos uso roble, nogal o bambú, con herrajes ocultos de acero y superficies de fieltro o corcho para mejorar la tracción. Las distancias recomendadas entre repisas son de 30 a 45 centímetros en vertical y de 30 a 40 centímetros en horizontal.
Te recomiendo empezar con una repisa baja, a unos 30 centímetros del piso, y escalar hasta un punto alto conectado con una ventana. Cuando el sistema está bien resuelto, deja de parecer una serie de tablas sueltas y funciona como una pieza mural integrada a la arquitectura a la que podés completar con plantas y libros.
La vegetación y los cambios simples también modifican el bienestar animal
Los estudios sobre diseño biofílico aplicado a animales muestran que la vegetación, las texturas naturales y la luz natural reducen la ansiedad en perros y gatos. Sandra Kim, veterinaria conductista, dijo en el Design & Wellness Summit de abril de 2026 en Portland que los animales muestran menor ansiedad en espacios con abundante vegetación.
En balcones o terrazas sin jardín, uso módulos de césped natural con drenaje incorporado. Son reemplazables y ofrecen un estímulo sensorial que ningún piso artificial reproduce del todo, sobre todo para perros que viven en departamentos.
El arquitecto paisajista James Basson informó que su firma completó 12 proyectos de integración biofílica para animales en el primer trimestre de 2026 y registró mejoras medibles en la calidad del aire interior cuando las plantas se ubicaron a menos de un metro de zonas de alto tránsito animal, como áreas de alimentación y areneros.
Los animales no son un habitante secundario del hogar: son miembros de la familia con necesidades espaciales propias.
La pregunta que yo les hago a mis clientes al inicio de cada proyecto ya no es solo “¿cómo querés que se vea esta habitación?”. También es: “¿cómo la va a vivir quien comparte este espacio con vos?”
INFOBAE








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