Después de los 50 años: por qué construir salud a largo plazo es más importante que bajar de peso rápidamente

La nutricionista Carolina Sosky propone abandonar las dietas restrictivas y priorizar una alimentación equilibrada, el mantenimiento de la masa muscular y los hábitos sostenibles. La especialista advierte que la balanza no es suficiente para evaluar el estado de salud y destaca la importancia de la fuerza, la hidratación, el descanso y la autonomía funcional.
Salud31 de octubre de 2026

ScreenHunter_089

Con la llegada del verano, muchas personas buscan perder peso en pocas semanas. Sin embargo, después de los 50 años, las estrategias destinadas a conseguir resultados rápidos pueden provocar consecuencias negativas, especialmente cuando implican una reducción excesiva de calorías o la eliminación de grupos completos de alimentos.

La nutricionista paraguaya Carolina Sosky, fundadora y directora ejecutiva de Clínica MyLife y autora del libro Comer y Disfrutar, plantea la necesidad de cambiar el enfoque. En lugar de concentrarse exclusivamente en los kilos, recomienda prestar atención a la composición corporal, la fuerza muscular, los indicadores metabólicos y la capacidad de mantener una vida independiente.

Una disminución acelerada del peso no siempre significa que se haya perdido grasa. También puede reflejar una reducción de agua y tejido muscular, situación que puede afectar el metabolismo, la movilidad y la calidad de vida.

Por este motivo, la especialista propone evaluar otros indicadores, como la circunferencia de cintura, la glucemia, la presión arterial, la calidad del sueño, la composición corporal y la facilidad para realizar actividades cotidianas.

La alimentación después de los 50 debe priorizar la calidad nutricional

A medida que avanza la edad, el organismo experimenta cambios que modifican sus necesidades energéticas.

La disminución de la masa muscular y de la actividad física cotidiana puede reducir el gasto calórico. Sin embargo, esto no significa que el cuerpo necesite menos proteínas, vitaminas o minerales.

Por el contrario, resulta fundamental elegir alimentos con mayor densidad nutricional, capaces de aportar los nutrientes necesarios sin depender de dietas excesivamente restrictivas.

Sosky advierte que reducir calorías de manera indiscriminada puede resultar especialmente perjudicial para las personas con poca masa muscular, bajo peso, escaso apetito o dificultades para realizar actividades físicas.

Antes de comenzar un plan alimentario, recomienda considerar la historia clínica, los medicamentos utilizados, la función renal, los análisis de laboratorio, la digestión, el descanso, la actividad física y las preferencias personales.

La alimentación debe adaptarse a las características de cada individuo y no responder únicamente al objetivo de modificar el número que aparece en la balanza.

Las proteínas son fundamentales para conservar la masa muscular

Uno de los principales objetivos de la alimentación después de los 50 años es preservar los músculos.

La pérdida progresiva de masa muscular puede afectar la fuerza, el equilibrio, la movilidad y la capacidad para realizar tareas habituales.

Para reducir ese riesgo, Sosky destaca la importancia de combinar una ingesta adecuada de proteínas con ejercicios de fuerza.

Las recomendaciones alimentarias estadounidenses para el período 2025-2030 contemplan una ingesta diaria de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal.

Por su parte, las recomendaciones clínicas de ESPEN para personas mayores establecen como referencia general un mínimo de un gramo de proteína por kilogramo de peso al día.

Estas cantidades no deben interpretarse como una indicación universal. Es necesario ajustarlas según la edad, la actividad física, el estado nutricional y la presencia de enfermedades, especialmente cuando existen alteraciones renales.

También resulta importante distribuir las proteínas a lo largo del día.

Muchas personas consumen cantidades reducidas durante el desayuno y el almuerzo, mientras concentran casi todo el aporte en la cena.

Incorporar fuentes proteicas en dos o tres comidas puede favorecer un estímulo más regular para el mantenimiento muscular.

Cómo distribuir las proteínas durante el día

Como referencia práctica, una comida principal puede aportar entre 25 y 30 gramos de proteína.

Entre las alternativas mencionadas por la especialista se encuentran:

Entre 100 y 120 gramos de pollo o pescado.

Dos huevos acompañados de yogur griego.

Una combinación de lentejas y tofu.

Preparaciones con legumbres y otros alimentos proteicos.

El contenido final depende del tipo de alimento, la cantidad, la marca y la forma de preparación.

Para el desayuno, una alternativa es combinar yogur griego con avena, frutas y frutos secos.

En el almuerzo o la cena, un plato puede incluir pescado, verduras, papa o batata y algún alimento que aporte calcio.

De esta manera, se incorporan proteínas, fibra, hidratos de carbono, grasas saludables y micronutrientes.

Calcio, vitamina D y otros nutrientes importantes después de los 50

Además de las proteínas, existen nutrientes que requieren especial atención durante el envejecimiento.

Entre ellos se encuentran el calcio, la vitamina D, la vitamina B12, la fibra, el potasio, el magnesio y las grasas insaturadas.

El calcio y la vitamina D cumplen funciones fundamentales para la salud ósea, especialmente en una etapa de la vida en la que puede aumentar el riesgo de pérdida de densidad mineral de los huesos.

Las recomendaciones de calcio varían según la edad y el sexo.

Las mujeres de entre 51 y 70 años necesitan aproximadamente 1.200 miligramos diarios.

En los hombres de la misma edad, la referencia es de 1.000 miligramos por día.

A partir de los 71 años, la recomendación asciende a 1.200 miligramos diarios para ambos sexos.

Entre las fuentes alimentarias de calcio se encuentran los lácteos, las bebidas vegetales fortificadas, el tofu preparado con calcio, las legumbres, algunas verduras y los pescados pequeños que se consumen con sus espinas.

La vitamina D está presente naturalmente en una cantidad limitada de alimentos, como los pescados grasos.

La necesidad de suplementación debe evaluarse individualmente, considerando los factores de riesgo, la exposición solar y los resultados de laboratorio.

La vitamina B12 y el hierro también requieren controles

La absorción de vitamina B12 puede disminuir con el paso de los años.

El riesgo de presentar niveles insuficientes puede aumentar entre quienes utilizan determinados medicamentos, como la metformina o los tratamientos destinados a reducir la acidez gástrica.

Por este motivo, en algunos casos resulta conveniente realizar controles médicos y evaluar la necesidad de suplementación.

En cuanto al hierro, Sosky aclara que no corresponde incorporarlo automáticamente después de la menopausia.

Su suplementación debe responder a un déficit confirmado y a una indicación profesional.

La importancia de consumir frutas, verduras y fibra

La especialista recomienda alcanzar aproximadamente 400 gramos diarios de frutas y verduras.

También propone consumir al menos 25 gramos de fibra por día.

Para conseguirlo, pueden incorporarse alimentos como legumbres, cereales integrales, frutas enteras, verduras, semillas y frutos secos.

La fibra contribuye al funcionamiento intestinal y forma parte de una alimentación equilibrada.

Sin embargo, cuando una persona consume poca fibra, el aumento debe realizarse gradualmente para evitar molestias digestivas.

También es necesario acompañar ese incremento con una hidratación suficiente.

Las legumbres pueden incluirse varias veces por semana, mientras que el pescado debería formar parte de la alimentación con regularidad.

Hidratación: por qué el riesgo de deshidratación aumenta con la edad

Durante los meses de calor, mantener una hidratación adecuada adquiere especial importancia.

A partir de los 60 o 65 años, la sensación de sed puede disminuir y los riñones pueden perder parte de su capacidad para concentrar la orina.

Estos cambios aumentan el riesgo de deshidratación, especialmente durante jornadas de temperaturas elevadas o cuando se realiza actividad física.

Como referencia general, Sosky menciona una ingesta total de agua cercana a los dos litros diarios para las mujeres y dos litros y medio para los hombres.

Estas cantidades incluyen el agua proveniente de bebidas y alimentos y deben adaptarse a las necesidades individuales.

El calor, la humedad, el ejercicio, la fiebre, la diarrea y la sudoración pueden incrementar los requerimientos.

Por otra parte, las personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, restricciones de líquidos o tratamientos con diuréticos necesitan recomendaciones específicas.

Entre las posibles señales de hidratación insuficiente se encuentran la boca seca, la orina escasa u oscura, el estreñimiento, el dolor de cabeza, la fatiga, los calambres y los mareos al ponerse de pie.

La confusión, los desmayos, las alteraciones del habla, la temperatura corporal elevada o un deterioro rápido del estado general requieren atención médica urgente.

Por qué los jugos y batidos no deberían reemplazar las comidas principales

Una de las prácticas que cuestiona la nutricionista es sustituir habitualmente el almuerzo o la cena por un jugo, una fruta o una ensalada compuesta únicamente por hojas verdes.

Aunque estas opciones pueden formar parte de una alimentación saludable, utilizadas como reemplazo de comidas completas pueden aportar cantidades insuficientes de proteínas, energía y otros nutrientes.

Sosky recomienda que los platos frescos incluyan verduras variadas, una fuente de proteína, hidratos de carbono de buena calidad y grasas saludables.

Entre las proteínas posibles menciona pescado, huevos, pollo, legumbres y tofu.

Los hidratos de carbono pueden provenir de cereales integrales, papa, batata y otros alimentos.

Para incorporar grasas saludables se pueden utilizar aceite de oliva, palta y frutos secos.

Los batidos nutricionalmente completos pueden resultar útiles como complemento o colación en determinadas situaciones, especialmente cuando existe poco apetito o mayores necesidades proteicas.

Sin embargo, no deberían reemplazar automáticamente las comidas principales.

La especialista también desaconseja consumir varios suplementos simultáneamente sin evaluar sus dosis, sus beneficios reales y las posibles interacciones con medicamentos.

Cómo bajar grasa corporal sin perjudicar la salud

Cuando existe una indicación clínica para reducir grasa corporal, el procedimiento debe ser moderado e individualizado.

La estrategia puede incluir un déficit energético controlado, seguimiento de la composición corporal y entrenamiento de fuerza.

El objetivo no debería limitarse a bajar kilos, sino preservar los músculos y mejorar los indicadores de salud.

En determinadas situaciones, un profesional médico puede evaluar tratamientos farmacológicos específicos, como los agonistas del receptor GLP-1.

Estos medicamentos no sustituyen la alimentación adecuada ni la actividad física y deben utilizarse exclusivamente bajo indicación y seguimiento médico.

Menopausia: cómo cambian la grasa corporal y los músculos

Durante la transición hacia la menopausia, la disminución de los estrógenos puede favorecer una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal.

Al mismo tiempo, pueden producirse cambios en la masa muscular y la densidad ósea.

Estas modificaciones pueden ocurrir incluso cuando el peso corporal permanece relativamente estable.

Por ese motivo, Sosky insiste en que la balanza no debe ser el único indicador utilizado para evaluar la salud.

El estrés, la calidad del sueño, la actividad física y otros factores también influyen sobre la distribución de la grasa y el metabolismo.

En los hombres, la testosterona puede disminuir gradualmente con la edad, aunque no existe un proceso exactamente equivalente a la menopausia.

Los niveles hormonales también pueden verse afectados por la obesidad abdominal, la apnea del sueño, determinadas enfermedades y algunos medicamentos.

La pérdida importante de fuerza, el cansancio persistente, la disminución del deseo sexual y las alteraciones de la función eréctil requieren una evaluación médica.

La nutricionista advierte que las terapias hormonales no deben utilizarse como soluciones estéticas rápidas ni como sustitutos de hábitos saludables.

El sueño y el estrés también influyen en la alimentación

La calidad del descanso tiene un papel importante en el bienestar general.

Dormir poco, atravesar situaciones de estrés o experimentar alteraciones hormonales puede modificar la sensación de hambre y saciedad.

Los sofocos asociados a la menopausia, la resistencia a la insulina, el consumo de alcohol y determinados medicamentos también pueden influir sobre el apetito.

Por eso, los cambios alimentarios deben acompañarse de una evaluación más amplia de los hábitos cotidianos.

La especialista propone comenzar por organizar horarios de comida, mejorar la hidratación, distribuir las proteínas y aumentar el consumo de frutas y verduras.

Posteriormente, pueden realizarse ajustes en las porciones, la calidad de los hidratos de carbono y el consumo de alcohol, azúcares añadidos y productos ultraprocesados.

Dietas extremas y productos que prometen resultados rápidos

Sosky recomienda desconfiar de los planes detox, los productos denominados quemadores de grasa y los tés que aseguran acelerar el metabolismo.

También advierte que no existen soluciones sencillas para eliminar grasa de una parte específica del cuerpo.

Las dietas demasiado restrictivas pueden provocar cansancio, pérdida muscular, caída del cabello y una recuperación más lenta de los tejidos.

La piel, los músculos y el metabolismo necesitan energía suficiente, proteínas, grasas esenciales, vitaminas, minerales e hidratación.

En relación con el colágeno oral, la especialista menciona una revisión de 23 ensayos clínicos aleatorizados que encontró posibles mejoras en la hidratación, la elasticidad y las arrugas de la piel.

Sin embargo, al analizar por separado los estudios de mayor calidad o aquellos sin financiación de la industria, esos beneficios dejaron de mostrar relevancia estadística.

Por eso, recomienda mantener una mirada crítica frente a los suplementos y las promesas comerciales.

Tres cambios fundamentales para cuidar la salud después de los 50

La nutricionista identifica tres prioridades para quienes desean comenzar a cuidarse de cara al verano y mantener los resultados durante todo el año.

Proteger la masa muscular.

Incorporar una fuente de proteína en las comidas principales y realizar entrenamiento de fuerza entre dos y tres veces por semana.

La actividad debe adaptarse a la condición física de cada persona y progresar de manera segura.

Puede incluir máquinas, pesas, bandas elásticas o ejercicios con el propio peso corporal.

También es conveniente complementar con actividades como caminar, andar en bicicleta, nadar o bailar.

La combinación de proteínas suficientes y ejercicio de fuerza resulta más beneficiosa para los músculos que cualquiera de estas medidas por separado.

Organizar comidas completas y mantener una hidratación adecuada.

Las verduras deberían ocupar una parte importante del plato y combinarse con proteínas, frutas enteras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables.

También resulta conveniente distribuir el consumo de agua durante el día.

Durante el verano, tener disponibles frutas, agua y preparaciones frescas facilita la elección de alimentos nutritivos y reduce la necesidad de improvisar.

Construir una rutina sostenible.

Planificar algunas comidas, realizar compras con una lista sencilla y anticipar los momentos de mayor hambre puede ayudar a mantener una alimentación equilibrada.

La organización no significa seguir reglas rígidas ni eliminar los alimentos preferidos.

Las comidas sociales, los postres y las preparaciones tradicionales pueden formar parte de una alimentación saludable sin necesidad de recurrir posteriormente a restricciones extremas.

La importancia de disfrutar la comida y mantener la autonomía

Sosky sostiene que una alimentación saludable también debe contemplar el placer, las costumbres culturales, las preferencias individuales y la vida social.

No es necesario pesar cada alimento ni clasificar las comidas como buenas o malas.

Una estrategia flexible permite disfrutar de ocasiones especiales y continuar después con los hábitos habituales.

La especialista destaca que uno de los principales objetivos del envejecimiento saludable debe ser conservar la autonomía.

Esto implica mantener la capacidad de caminar, realizar ejercicio, cocinar, compartir momentos con otras personas, pensar con claridad y tomar decisiones propias.

En este sentido, cuidar la alimentación no debería convertirse en una carrera para conseguir un determinado peso antes del verano.

El objetivo más importante es sostener hábitos que permitan preservar la energía, la fuerza y la independencia durante los años siguientes.

Los cambios simples y constantes pueden tener un impacto considerable en la calidad de vida.

La propuesta de Sosky es dejar de buscar transformaciones inmediatas y concentrarse en construir una salud duradera, basada en la alimentación equilibrada, la actividad física, el descanso y el bienestar integral.


INFOBAE

Te puede interesar
ScreenHunter_016

Qué alimentos elegir y cuáles evitar después de una intoxicación alimentaria

Salud20 de octubre de 2026
La hidratación y el regreso progresivo a la alimentación habitual son fundamentales para recuperarse de una intoxicación alimentaria. Especialistas de Harvard explicaron qué comidas ayudan a tolerar mejor las molestias digestivas, cuáles conviene evitar temporalmente y en qué situaciones es necesario consultar al médico.
Lo más visto