Las gafas inteligentes se erigirán entonces en un dispositivo que integre a la inteligencia artificial y sensores que analizan distancia de lectura, movimientos oculares y de cabeza, reacciones a la fatiga y condiciones de iluminación ambiental.
El establecimiento de tales parámetros enmarcan el desarrollo de modelos digitales de IA capaces de anticipar y ajustar la configuración óptica para cada usuario.
Otro factor que incidiría en un eventual ascenso de los smart glasses en el mercado tecnológico es su base de producción, ya que esta cuenta con la adopción de robots y vehículos autónomos que permiten fabricar cerca de cuatro millones de lentes por año.

























































