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title: "Por qué algunas personas duermen poco y se sienten recuperadas: la excepción genética que intriga a la neurología"
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description: "Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences identificó una mutación relacionada con el llamado sueño corto natural, una característica hereditaria que permite a algunas personas despertarse espontáneamente después de pocas horas de descanso, sin utilizar alarmas ni estimulantes."
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date_published: "2026-10-01T08:41:00-03:00"
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# Por qué algunas personas duermen poco y se sienten recuperadas: la excepción genética que intriga a la neurología

![ScreenHunter_068](/download/multimedia.normal.ae059e067d15bcef.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Dormir no significa que el organismo se encuentre completamente inactivo. Mientras una persona descansa durante la noche continúan numerosos procesos relacionados con el metabolismo, el sistema inmunitario, el estado de ánimo, la recuperación física, las funciones neurológicas y los mecanismos que regulan el estado de alerta.

Por este motivo, dormir una cantidad suficiente de horas constituye una necesidad fundamental para mantener la salud física y mental.

Sin embargo, no todas las personas necesitan exactamente la misma cantidad de sueño. Las necesidades varían con la edad y también existen diferencias individuales.

La falta sostenida de descanso puede tener consecuencias para la salud y ha sido relacionada con un mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades coronarias, entre otros problemas.

**Cuántas horas de sueño se recomiendan según la edad**

Las recomendaciones de duración del sueño establecidas por la National Sleep Foundation varían de acuerdo con cada etapa de la vida:

Recién nacidos de 0 a 3 meses: entre 14 y 17 horas por día.

Bebés de 4 a 11 meses: entre 12 y 15 horas.

Niños de 1 a 2 años: entre 11 y 14 horas.

Niños de 3 a 5 años: entre 10 y 13 horas.

Niños de 6 a 13 años: entre 9 y 11 horas.

Adolescentes de 14 a 17 años: entre 8 y 10 horas.

Adultos jóvenes y adultos de 18 a 64 años: entre 7 y 9 horas.

Adultos mayores de 65 años: entre 7 y 8 horas.

Dentro de estas diferencias individuales existe, sin embargo, un grupo particularmente llamativo para los científicos.

Se trata de personas capaces de dormir solamente entre cuatro y seis horas por noche durante prácticamente toda su vida y despertarse espontáneamente sintiéndose recuperadas.

No necesitan utilizar despertadores para levantarse ni recurrir sistemáticamente a la cafeína para mantenerse activas y, aparentemente, tampoco experimentan los efectos negativos que habitualmente acompañan a la falta de sueño.

Este fenómeno recibe el nombre de sueño corto natural.

Los especialistas advierten que esta condición no debe confundirse con dormir pocas horas debido al trabajo, las obligaciones familiares, determinados hábitos o una decisión voluntaria de reducir el tiempo destinado al descanso.

**El sueño corto natural estaría relacionado con mutaciones genéticas poco frecuentes**

Las personas que presentan sueño corto natural constituyen una excepción biológica que continúa siendo objeto de investigación científica.

Ying-Hui Fu, profesora de neurología de la Universidad de California en San Francisco, estudia desde hace décadas a familias en las que algunos de sus integrantes necesitan dormir considerablemente menos que el promedio y, pese a ello, permanecen activos y aseguran sentirse completamente recuperados.

Una de las características más importantes es que el fenómeno suele ser hereditario.

No se trata de personas que hayan aprendido a dormir menos o que hayan decidido reducir voluntariamente las horas que pasan en la cama.

Quienes presentan esta característica despiertan espontáneamente después de aproximadamente cuatro a seis horas y mantienen este comportamiento de manera constante durante toda su vida.

Además, el patrón continúa incluso durante las vacaciones o en jornadas en las que no tienen horarios ni obligaciones que los obliguen a levantarse temprano.

Los genes relacionados con la necesidad de dormir menos

Los investigadores identificaron distintas mutaciones genéticas poco frecuentes vinculadas con este fenómeno.

Entre los genes relacionados con el sueño corto natural se encuentran:

DEC2, ADRB1, NPSR1, GRM1 y SIK3.

Estos genes participan en diferentes circuitos encargados de regular el sueño y la vigilia y, por lo tanto, intervienen en el equilibrio entre la necesidad biológica de dormir y la capacidad del organismo para permanecer despierto.

Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) identificó específicamente una mutación denominada SIK3-N783Y en una persona que presentaba el rasgo de sueño corto natural.

Para estudiar sus efectos, los científicos trabajaron con un modelo de ratón que presentaba una mutación equivalente.

Los animales dormían durante períodos más cortos y, además, mostraron modificaciones en determinadas proteínas sinápticas relacionadas con la comunicación entre las neuronas.

Los resultados permitieron ampliar el conocimiento científico sobre los factores genéticos que pueden intervenir en la duración del sueño.

Sin embargo, los investigadores remarcaron que estos hallazgos no significan que las características observadas puedan trasladarse al conjunto de la población.

**¿Cómo pueden recuperarse durmiendo solamente cuatro o seis horas?**

Esta es precisamente una de las preguntas que todavía intenta responder la ciencia.

Chiara Cirelli, profesora y directora de investigación del sueño en la Universidad de Wisconsin-Madison, señaló que algunas pruebas indican que las personas con sueño corto natural podrían conservar adecuadamente el sueño profundo de ondas lentas, a pesar de pasar menos horas durmiendo.

Esta fase del sueño se encuentra relacionada con importantes procesos de recuperación física y cerebral.

Una de las hipótesis es que el cerebro de estas personas podría realizar determinados procesos reparadores de una manera más eficiente y completar en menos tiempo funciones que en la mayoría de la población requieren una cantidad mayor de horas.

Sin embargo, todavía existen numerosos interrogantes.

Los científicos no saben con precisión si determinados procesos cerebrales se realizan más rápidamente, si estas personas necesitan directamente una menor recuperación o si existe algún otro mecanismo biológico que disminuye su necesidad de dormir.

**Dormir poco habitualmente no significa tener sueño corto natural**

Los especialistas remarcan que existe una diferencia fundamental entre una persona que posee esta particularidad genética y alguien que duerme pocas horas debido a sus hábitos cotidianos.

Sentirse despierto durante el día tampoco garantiza necesariamente que el organismo haya completado todos los procesos necesarios para recuperarse.

Elizabeth B. Klerman, profesora de neurología de la Facultad de Medicina de Harvard e investigadora del sueño en el Hospital General de Massachusetts, explicó que las personas pueden incluso no reconocer correctamente su propia falta de descanso.

Esto significa que alguien puede considerar que funciona adecuadamente con pocas horas de sueño aunque, en realidad, exista una deuda de descanso.

Los dos grandes sistemas que regulan el sueño

Thomas E. Scammell, profesor de neurología de Harvard, explicó que existen dos importantes sistemas biológicos encargados de regular el descanso.

Uno de ellos es el ritmo circadiano.

Este mecanismo funciona como una especie de reloj biológico y ayuda a determinar en qué momentos del día el organismo tiene mayor tendencia a permanecer despierto y cuándo comienza a prepararse para dormir.

El segundo mecanismo es la denominada presión homeostática del sueño.

Esta presión aumenta progresivamente mientras una persona permanece despierta. El fenómeno puede compararse con el hambre: cuanto más tiempo pasa desde la última comida, mayor suele ser la necesidad de alimentarse.

De manera similar, cuanto más tiempo permanece despierta una persona, mayor es normalmente la necesidad biológica de dormir.

La interacción entre estos dos sistemas puede provocar que, en determinados momentos, una persona experimente una sensación temporal de alerta incluso después de haber dormido una cantidad insuficiente de horas.

Por esta razón, poder mantenerse despierto y realizar actividades durante el día no demuestra necesariamente que una persona necesite menos horas de descanso que el promedio.

**Qué relación podría tener este fenómeno con el Alzheimer**

El estudio del sueño corto natural también podría aportar información para comprender mejor determinados mecanismos relacionados con enfermedades neurológicas.

Una revisión publicada en la revista científica iScience analizó mutaciones asociadas con este rasgo y encontró resultados particularmente interesantes en modelos animales de enfermedad de Alzheimer.

En modelos de ratón, algunas de estas mutaciones estuvieron asociadas con una reducción en la acumulación de placas amiloides y con modificaciones relacionadas con la proteína tau.

Ambos elementos se encuentran estrechamente relacionados con la investigación de la enfermedad de Alzheimer.

Sin embargo, los científicos subrayan una limitación fundamental: estos resultados fueron obtenidos en modelos animales.

Por lo tanto, no puede concluirse que las personas que naturalmente duermen menos horas estén protegidas frente al Alzheimer.

Será necesario realizar nuevas investigaciones para comprender los mecanismos involucrados y determinar hasta qué punto estos hallazgos pueden resultar relevantes para los seres humanos.

Una excepción genética y no una recomendación para dormir menos

El descubrimiento de personas capaces de sentirse completamente recuperadas después de solamente cuatro o seis horas de sueño no significa que reducir voluntariamente las horas de descanso resulte beneficioso.

Para la mayoría de la población, dormir pocas horas de manera habitual no representa una ventaja biológica ni constituye una práctica recomendable.

Los adultos generalmente necesitan aproximadamente entre siete y nueve horas de sueño por noche, aunque las necesidades individuales pueden variar.

La importancia científica de las familias que presentan sueño corto natural reside precisamente en su carácter excepcional.

Su estudio demuestra que la cantidad de descanso necesaria posee un componente individual y genético y podría ayudar a los investigadores a comprender mejor cómo determina el cerebro cuándo ha descansado lo suficiente.

La identificación de mutaciones como SIK3-N783Y, junto con las encontradas previamente en genes como DEC2, ADRB1, NPSR1 y GRM1, abre nuevas líneas de investigación sobre los mecanismos que regulan el sueño.

El gran interrogante que permanece abierto es por qué algunas personas parecen capaces de realizar en apenas cuatro o seis horas los procesos de recuperación para los que la mayoría necesita un período considerablemente mayor.

Resolver ese misterio podría aportar nuevas claves para comprender una de las funciones biológicas más esenciales y, al mismo tiempo, más complejas del organismo humano: el sueño.

INFOBAE

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