Por qué es clave reducir el consumo de azúcar, la droga del siglo XXI

Nacionales 10 de enero de 2018
Es un factor de riesgo en la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Los nutricionistas advierten que hay muchos alimentos procesados con porcentajes muy significativos de azúcar.

Parece que la evolución escribió el final inesperado, rindiéndose ante el elixir de las reacciones químicas desencadenadas tras la ingesta de azúcar en detrimento del sabor amargo cuyo rechazo nos permitió sobrevivir.

El problema es que los descendientes del Homo Sapiens lejos quedaron de las praderas y la cultura alimentaria postmoderna impregnó de azúcar el supermercado. Este azúcar que antes se atesoraba como bastión en las carameleras de las casas de las abuelas, ahora está en la heladera, en la alacena, en el auto y en la escuela. Es que la bebida que tomamos a diario tiene azúcar, los desayunos y meriendas son azucarados, los postres brillan de sacarosa y los picoteos tienen como primera opción a los refrigerios dulces.

Que los caramelos tienen azúcar eso lo sabemos todos, pero que lo tiene el pan de molde, los cereales de desayuno, los jugos de fruta envasados, la sopa comercial de tomate, la pizza y el kétchup, un condimento en el que una cucharada puede tener el equivalente casi a un sobrecito de azúcar.

La industria emplea el azúcar en la elaboración de los productos alimenticios porque alarga la vida útil del producto, los hace más apetitosos y adictivos. ¿Puede ser el azúcar una droga? El azúcar genera adicción, al igual que el alcohol y el tabaco, pero es la única adicción que fomentamos (sin querer) desde los primeros años de vida. Por ello algunos ya la llaman “la droga del Siglo XXI” o “la droga de la infancia”.

Y, así como en su momento las grasas fueron el centro de la lucha, ahora tenemos como protagonistas al azúcar, pero esa que se le añade a los productos alimenticios durante su elaboración (lo que en los libros recibe el nombre de “azúcar libre”). Veamos esta distinción: Por ejemplo si en mi casa como una naranja, voy a ingerir 18 gramos de azúcar pero si me tomo un vaso de jugo envasado la cantidad se eleva a 25 gramos. Para que no caigamos tentados a hacer una simple operación matemática, es oportuno mencionar que, por las características de cada alimento, el azúcar aportado por la fruta va a tener una mejor respuesta metabólica al ser consumida por la presencia de su fibra. Por el contrario, al consumir jugos envasados o hasta al hacer jugos a partir de frutas lo que estamos tomando es agua con azúcar cuyos efectos en el organismo son perjudiciales.

Y esta lucha tiene su origen en que hoy tenemos una dieta donde el azúcar es tan abundante “que molesta”. Y molesta a nuestro hígado, los dientes, a nuestro corazón porque es un claro condicionante de la posibilidad de padecer diabetes, sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico, caries, entre otras. ¿Cuál es la recomendación de su consumo? Diez cucharadas para los adultos y siete cucharadas y media para los niños.

Como la legislación vigente en nuestro país no establece la declaración obligatoria del azúcar presente en los productos envasados, la próxima vez que hagas las compras no te olvides, de además de la bolsa, de memorizar los siguientes nombres para buscarlos en la lista de ingredientes (ya que el azúcar puede rotularse de diferentes formas y tiene larga lista de “secuaces”): miel, sacarosa, glucosa, maltosa, fructuosa, azúcar de maíz, dextrosa, malosa, jarabe de maíz de alta fructuosa (o JMAF), por mencionar algunos.

Pero como para graduarnos en “cazadores de azúcar” debemos hacer un curso de química, ir al supermercado con lupa y calculadora es que solicitamos con urgencia que nuestro país revise el sistema de rotulación de alimentos y que la comunicación con el consumidor sea clara, veraz y simple.

Estrategias

Hay países que en esta línea ya adoptaron un sistema más amigable, como Chile, que ha implementado la utilización de mensajes de advertencia en el frente de los envases con la simple frase de “alto en azúcar” cuando se supera un determinado límite establecido por la regulación vigente.

Y es inevitable no lamentar que no haya prosperado la aplicación de políticas fiscales que graven las bebidas azucaradas como más de 30 países ya lo han implementado, ya que dentro de un entorno donde la lucha individual por los hábitos saludables es muy solitaria y frustrante, las políticas tienen mucho por favorecer.

Como reza la frase de un reconocido experto en salud Alfred Sommer: “Es mucho más fácil evitar conductas de riesgo cuando todos lo hacen y cuando el ambiente no las promueve”.

(*) La autora es Magister en Ciencias de la Salud y Coordinadora de la Licenciatura en Nutrición de la UCSF. Fuente: El Litoral

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